El pie del niño (IV)

En pocos meses es un autentico torbellino, con la necesidad imperiosa de CONOCER Y APRENDER.
Después de los meses de gimnasia:

levanto la cabeza – la muevo – gateo – soporto mi propio peso con y sin ayuda – mantengo el equilibrio…

Estoy de pie, llega la hora de la verdad,  la  gran prueba …  “mamá esta en la meta”… “¡Tengo que llegar!”

 

¡Mis primeros pasos!

Son torpes, un constante equilibrio desequilibrio (caídas y vuelta a experimentar) es… aprender ¡jugando!

 

Cuidados durante los primeros pasos

 

La mayoría de niños (65,8%) comienzan  a andar entre los 12-15 meses. Soportar el propio peso en un solo pie para levantar el
otro y dar un paso es algo tremendamente complicado, en un sistema inmaduro a nivel de sus huesos, ligamentos, músculos
y sistema neurológico, mantener el equilibrio es divertido pero muy cansado.
La independencia de moverse solo y explorar el entorno es un potente estímulo para seguir experimentando constantemente,
crecer y madurar.


 

Un lugar, (habitación, salón…) que ofrezca seguridad, llena de cosas bien distribuidas
para que se pueda apoyar en su recorrido: un sillón, una butaca, un mueble…

 

Las caídas son frecuentes, debemos estar al lado ofreciéndoles seguridad, no sobreprotección, sin exigirles dejándoles que realicen su Prueba-Error, con ello aprenderán a sincronizar y afinar el movimiento de su centro de gravedad.

 

Pies controlados y pasos sanos


¿CUANDO DEBEMOS VALORAR EL PIE DEL NIÑO?

Cuando nace, los pies han de ser observados por si es necesario actuar.
Cuando comienza a cargar su peso en sus piernas/pies y comienzan a caminar.
Cuando hay un retraso o alteración de la marcha

 

 

La observación de los padres y el diagnóstico precoz de las alteraciones de la marcha son importantes en niños de corta edad para prevenir aquellas desviaciones de la normalidad que pueden ser de difícil solución cuando se estructuran por no tratarlas a tiempo.

 

 

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